Mariette Grange - Algunas cuestiones sobre la inmigración: lo que los políticos nunca nos cuentan
Mariette Grange es una activista por los derechos humanos internacionales. Cuenta con experience en campañas e investigaciones sobre los derechos humanos de los migrantes y actualmente es la directora de la oficina de Human Rights Watch en Ginebra. Consultora durante muchos años de la campaña "18 de diciembre", Grange también fue asesora en numerosas ocasiones para organizaciones como la Comisión Mundial para la Migración Internacional y ha participado en la Iniciativa de Berna.
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La migración es un fenómeno humano tan antiguo como el mundo. Los movimientos de la población a través de grandes distancias han sido siempre característicos de la especie humana. En la mayor parte de las sociedades, a lo largo de toda la historia, la sanción mas extendida que se inflinge a aquellos que han cometido crímenes o delitos es la privación de libertad. Sin embargo, tanto en Europa como en muchos otros lugares un número creciente de personas se encuentran detenidas simplemente por el hecho de haber cruzado alguna frontera, o haber intentado cruzarla, sin estar en posesión de papeles o de una visa.
¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Quién se acuerda de que Europa, hasta la Segunda Guerra mundial, era una tierra de emigración? De 1820 a 1930, al menos 65 millones de europeos emigraron. Si tenemos en cuenta que la población mundial en 1930 a penas superaba los 2 millares, esta cifra resulta enorme. ¿Por qué un número tan elevado de europeos dejaban nuestra tierra?
Sus motivaciones no difieren demasiado de las motivaciones de los hombres, mujeres, y a veces incluso niños, que llegan a nuestras costas hoy día. Pobreza, falta de acceso a la tierra, hambre, violencia, conflictos religiosos o étnicos, o simplemente el deseo de un fututo mejor para las siguientes generaciones constituyen el motor de estos movimientos de emigración desde Europa. ¿Tenían visa estos inmigrantes? ¿Cómo afrontaron las sociedades y gobiernos receptores esas llegadas, con frecuencia también masivas, a sus territorios? ¿Se adaptaban los recién llegados a la cultura y religiones que encontraron en Asia, África y en las Américas? La historia nos muestra que no fue así. Las generaciones que nos han precedido emigraban, a menudo en detrimento de las costumbres y de la libertad, a veces incluso de la vida, de las poblaciones locales.
Hoy en día, Europa reagrupa el 11,3% de la población mundial y América del Norte un 5,1%. Una sexta parte de los humanos disponen del 80% de los recursos mundiales, mientras que un tercio de la población disponen tan sólo de un 3% de los recursos. Por lo tanto, contrariamente a eso que querrían hacernos creer los políticos, la proporción de migrantes en el mundo ha permanecido notoriamente estable durante los últimos 60 años. La gran mayoría de las personas desea vivir en sus países de origen. Sólo alrededor de un 3% de los seres humanos emigra al extranjero. La diferencia radica en la dirección de los flujos migratorios y en nuestra actitud frente a la migración. Construyendo muros en África del Norte, exigiendo visas a aquellos que quieren venir desde más de 150 países, la Union Europea crea una mentalidad estática en el seno de su población. Así, las derivas populistas observadas en numerosos países europeos nos recuerdan a otras.
Los políticos, olvidando que la migración es un fenómeno natural, hablan en sus discursos de controlar la inmigración. Por otro lado, la construcción europea fundaba sobre la igualdad y el respeto de los derechos humanos. ¿Durante cuanto tiempo será capaz Europa de pretender que esos mismos derechos quedan suspendidos si los inmigrantes llegan sin autorización?. ¿Podemos mantener a esas personas detenidas, a veces junto con otros detenidos por el derecho penal, en ocasiones en condiciones indignas, sin posibilidad de apelación, durante periodos indeterminados?. ¿Los hijos de las personas sin papeles pueden tener acceso al derecho a la educación, garantizado por la Convención sobre los derechos del niño, ratificada por 192 estados? Son muchas las preguntas sobre las que debemos reflexionar.
Después de la Segunda Guerra Mundial, nuestro continente devastado es reconstruido con la ayuda de nuestros aliados. ¿Vamos a dejar en nuestras puertas a aquellos que no hacen más que imitar a las generaciones que nos han precedido? ¿Queremos crear una casta de sin-derechos?








